Un lector de Nueva Chamba me pidió que escribiera sobre el Coaching Coercitivo, debo confesar que aunque sabía de su existencia me sorprendí una vez que tuve oportunidad de investigar sobre él.
Recientemente escribí sobre el Coaching - también conocido como Coaching Ejecutivo, una herramienta que ayuda a desarrollar confianza en sus asesorados, la confianza en sí mismos se va a demostrar cuando comienzas a tomar decisiones que conllevan a alcanzar lo esperado, cuando comienzas a reconocer la responsabilidad en tus actos para alcanzarlos. Lo hacen mediante la aplicación de un método probado y parte de la creencia de que cada persona tiene un potencial superior en la espera de ser liberado.
Así fue cómo lo describí – al Coaching Ejecutivo - y creo fervientemente en ello. Es una lástima que basados en esta necesidad de superación haya surgido un grupo de “profesionales” que abusan de esto y lo conviertan – al Coaching Coercitivo - en lo que comúnmente se dice un “lavado de cerebro”.
La coerción es: La amenaza de utilizar la violencia (no solo física sino de cualquier otro tipo) con el objeto de condicionar el comportamiento de los individuos (según Wikipedia), en mi vocabulario yo lo llamo manipulación y no creo que a nadie le guste que lo manipulen.
Es correcto que la gente busque superarse, sin embargo hay que tener mucho cuidado cuando te ofrecen uno de esos cursos milagrosos de desarrollo personal (los cuales no son nada baratos) ya que podrías caer en manos de un charlatán. México, Chile, Argentina, Estados Unidos y otros países de América Latina son lugares donde se ha propagado esta tendencia.
Para que cuentes con mayor información estos cursos se manejan por niveles, normalmente vas a ser invitado por alguien que ya lo tomó y te va a hablar maravillas de él, solo que no te dará muchos detalles, a veces usan la típica frase “lo tienes que vivir”. Por lo general el curso se lleva a cabo en un salón muy grande de un hotel, o en algún lugar rentado, algo que me han dicho las personas que ya lo tomaron es que al entrar al salón el clima es muy frío y después sin darte cuenta el clima cambió por completo y te mueres de calor. Normalmente inviertes dos o tres día completos en un horario agotador - de 7 u 8 de la mañana a 9 o 10 de la noche.
¿Quieres más detalles?, el “Coach” buscará estar en un estrado (por arriba de ti) y normalmente hay unos 100 participantes en la sesión. Sin darte cuenta - a partir del segundo día – comenzarán poco a poco las “dinámicas” con fines coercitivos. Mi informante me comenta que a él le tocó que un día lo recibieron con la música de “odisea en el espacio” con el fin de provocar emociones profundas, también me dice que a las personas que llegan tarde los humillan hasta lograr que lloren o que su autoestima quede por los suelos.
Para finalizar te comentaré que su objetivo no es desarrollar tu potencial, sino el hacerte sentir la necesidad de pertenecer al grupo, unirte a su secta, para que después los ayudes a traer más participantes, ahí es dónde está el negocio del supuesto “Coach”.
Otro de los fenómenos que se suceden es que buscan sembrar la creencia de que el curso es lo mejor que te ha pasado porque te ha cambiado la vida, y la gente de fuera muchas veces se asusta ante el cambio radical que percibe en las personas. Las consecuencias pueden ser desde un divorcio hasta matrimonios entre los integrantes del curso. También muchas veces se observan depresiones, y bajas emocionales cuando la gente se da cuenta de la realidad.
Quiero que sepas que, aunque en México no vas a encontrar mucha información al respecto, en Francia, Chile y Argentina – los Coaches - han tenido que abandonar su jugosa práctica debido a demandas o presiones muy fuertes por parte de los asistentes a sus sesiones o por los medios de comunicación. Algunos de ellos, al huir de Argentina por ejemplo, se encuentran libremente trabajando en tu ciudad (Guadalajara, Monterrey o Distrito Federal).
Al final, siéntete libre de tomar la decisión que quieras, pero piénsalo bien si te invitan a alguna de estas sesiones, luego no digas que no te lo advertí.